El almuerzo del jueves santo

Una pregunta recurrente que la gente me hace bastante es “¿cuál es tu comida favorita? ¿qué elegirías para comer el resto de tu vida si sólo pudieras escoger una cosa?”. Creo que nunca he podido dar una respuesta directa y la razón es simple: es imposible elegir entre una lista infinita de platos, todos hechos con mezclas distintas de ingredientes, métodos distintos de cocción, estados de ánimos y obviamente, antojos. Sin embargo, todos los años espero con unas ansias que carcomen la comida de jueves santo de mi abuela, Fanny de Puente, que de sólo imaginármela en este momento mientras escribo meses después, se me hace agua la boca. ¿Cuantos días faltaran para el próximo jueves santo? No puedo esperar más por uno de mis almuerzos favoritos.

Hay algo muy especial de esta comida. Todos los años mi abuela se estresa pensando en qué hacer y cuánto hacer, un estrés que se me hace innecesario. Desde que tengo conciencia ella esta haciendo esta comida, en la que todos los años se reúne el sinfín de primos, tíos, hermanos, medios hermanos, amigos de toda la vida, cónyugues y nietos que llegan a su casa en Castillogrande, de una forma automática. He llegado a pensar que en este punto ya ni invitaciones se reparten. El que llegó llego y el que no se lo perdió. La pregunta del qué hacer también sobra. Ya que no se puede comer carne en esos días, todo el menú gira en torno a mariscos y pescados, incluso la polémica icotea de río (mi mamá y mi tía pelean con todo el mundo gracias a ese peculiar ítem en el menú). Francamente, no se de donde la traerán, pero siempre esta presente. Y eso, precisamente eso, es lo maravilloso de este almuerzo. Siempre es igual. Siempre es perfecto. Esta familia no se reúne en Navidad o en Año Nuevo como el resto, sino en el día de jueves santo en la casa de mi abuela.

Lo que más me gusta de este menú es que es casi completamente típico y tradicional. Es la comida de semana santa para muchos, no sólo para mi familia materna. El almuerzo comienza con un mote de queso costeño y ñame como aperitivo. Si alguien quiere probar un buen mote de queso, de esos que regeneran hasta al mas inerte de los cuerpos, está cordialmente invitado a la casa de mi queridísima abuela. A este “aperitivo” le sigue un buffet digno del mismísimo Jesús. Este incluye un salpicón de bagre salado, desmenuzado en un guiso costeño, la pieza central de esta reunión; arroz de frijolito negro y coco; plátanos en tentación, con su toque justo de kola román y canela, que se deshacen en la boca y se mezclan con lo salado del bagre creando un sabor único; icotea, con su look atemorizante y algo viscoso y quizás verdoso por el achiote; torta de atún; ensalada de aguacates frescos; un refrescante ceviche de camarones y mango pintón; y de postre dulces típicos cartageneros: mongo mongo (un dulce hecho a partir de plátanos maduros y frutas tropicales cocinados en panela y especias por horas), dulce de papaya y piña, dulce de tamarindo y dulce de corozo. Francamente, no he visto la primera persona que no haya salido de esa casa con una sonrisa en la cara y una ligera narcolepsia, un intenso deseo de una siesta reparadora después de tan merecida comilona.

Creo que lo mágico, sí mágico, de ese almuerzo es el hecho de ver reunida a una familia alrededor de platos que han estado con ellos por tres generaciones ya, platos típicos, sin muchos cambios realmente, sin mucho glamour ni minimalismo ni construcción, pero con un montón de tradición y sabor. Espero que la gente al leer esta entrada se de cuenta de las maravillas que la comida típica y tradicional colombiana puede ofrecer, y crear en una comunidad, en una familia, verdaderas tradiciones.

6 comentarios en “El almuerzo del jueves santo

  1. Tradicion y sabor a la abuela, la combinacion perfecta. Que buenas fotos. Y como siempre esperando impaciente la proxima entrada.

      1. Que te puedo decir….fan # 1. Me encanta como escribes, me divierte mucho. Espero tu siguiente entrada.

  2. Espectacular como se narra con que facilidad, toda una delicia de tradiciones y buen gusto por la gastronomía familiar que en realidad, no es mas que la añoranza de todas las vivencias de una infancia feliz, rodeada de amor incalculable y un buen paladar. Te felicito me encanto tu articulo!!!!

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